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Imagen corporal y desarrollo del sí mismo. Observaciones clínicas en estudiantes secundarios.

Cristián Araya Molina, Psicólogo Clínico
Gladys Geisse García, Profesora de Psicología

INTRODUCCION

La imagen corporal y autoestima constituyen dos elementos fundamentales en el desarrollo personal y en la conducta.

Las deformaciones corporales, cicatrices, protuberancias, como, un prognatismo o retroprognatismo, se transforman en escrúpulos de la valoración personal. Stutte (1971) sostiene que tanto las deformaciones reales como imaginarias, producen en el individuo un descontento objetivo frecuentemente sobrevalorado en forma subjetiva, especialmente, cuando estas características se presentan en la cabeza y en la cara. A este problema el autor lo llama “Complejo de Tersites”, recordando al personaje de la Odisea de Homero. Otros autores, como Masters-Greaves (1962), citado por Stutte (1971), llaman “Complejo de Cuasimodo”, relacionándolo con la figura del Jorobado de Notre Dame de Víctor Hugo.

 

Desde el punto de vista psicopatológico, el temor a las deformaciones físicas (dismorfo-fobias), ha estado desde siempre en el hombre. Figuras mitológicas, como el fauno seductor, el impala volador, serían imágenes primordiales de la humanidad grabadas en el inconsciente colectivo, como diría Jung.

 

La experiencia de la realidad, como lo afirma Francoise Doltó (1984), depende de la integridad del organismo o de sus lesiones transitorias o indelebles, neurológicas, musculares, óseas; o también de las sensaciones fisiológicas, a las que la autora llama cenestésicas. Estos aspectos están íntimamente relacionados con la actitud que desde niño se desarrolló frente al mundo.

 

Los individuos portadores de deformaciones físicas, generan una posición sensitivo autorreferente que los caracteriza por la inseguridad en sí mismo, la evitación del contacto interpersonal y la idea constante de ser objeto de observación y rechazo, por parte de los demás. A partir del descontento con la propia imagen aparecen descritas conductas patológicas que van desde la auto-agresión hasta el delito, pasando por viciosos hábitos que producen momentos de éxito que compensan las frustraciones.

 

Dentro de su formación psicológica, el profesor debe aprender a estar atento a estos fenómenos psicopatológicos, que pueden influir tanto en el rendimiento escolar como en el desarrollo integral del educando.

 

Con frecuencia encontramos en nuestros alumnos el complejo de Tersites, manchas rojas en la piel, deformaciones nasales, orejas sobresalientes o acné. Estos síntomas, afirma Stutte, deben ser tratados, no tan solo en aspecto físico sino también desde la perspectiva de la autoestima. A nivel consciente las deformaciones físicas generan dos grandes temores. El primero de ellos, se refiere a ser objeto de constante observación, y el segundo el temor de no encontrar pareja. El temor de ser observado, y de hecho en muchas ocasiones objeto de asombro, es consecuencia de una comunicación compuesta de mensajes y llamados inconscientes de atención al aspecto que nos preocupa, por ejemplo, cubrirse con el pelo una cicatriz facial, despierta automáticamente la curiosidad por descubrir las características de lo oculto. En relación al temor de no encontrar pareja, se observa nítidamente el fenómeno de la “profecía autocumplida”. La mala imagen y baja estima llevan al individuo a no establecer contacto debido al temor al rechazo y este “no tener contacto” no le permite conocer personas, lo cual limita sus posibilidades de encontrar pareja. Erikson (1970) en su libro “Infancia y Soledad” nos ilustra claramente la dinámica y problemática psicosocial del joven; en la crisis “identidad versus difusión de roles”, eljoven se pregunta más “qué es” que“quien es”, y su preocupación se centra fundamentalmente en el contexto en que se va a desenvolver. Busca sentido y compromiso dice el autor, con las alternativas que ha seleccionado. En la etapa siguiente llamada “Intimidad versus aislamiento”,es donde a nuestro juicio se consolidan los aspectos esenciales de la etapa anterior, busca el joven un compañero del sexo opuesto y al mismo tiempo se inclina a superar la distancia social. Aquí la imagen física es de vital importancia para la transición adecuada a esta fase a etapas posteriores del desarrollo.

 

Nuestra experiencia docente nos revela que el joven portador de una mala imagen, real o imaginaria, se aísla y busca ansiosamente un pasar inadvertido, evitando el contacto y generalmente configurando una caracteroptía depresiva; o bien compensando su déficit, asume una actitud de superioridad mediante actos agresivos prepotentes, descalificadores y de arrogancia. En otras oportunidades, nos ha tocado ver jóvenes que buscan conductas alienantes: se drogan, ingieren grandes cantidades de alcohol, o se endurecen emocionalmente tomando una actitud de indiferencia frente al mundo que los rodea, como compensación a su complejo.

 

De nuestra casuística seleccionaremos algunos casos que ilustrarán los aspectos teóricos señalados.

 

CASUISTICA

 

Con frecuencia encontramos ennuestros establecimientos educacionales alumnos que son llamados por sobrenombres que nunca resultan del agrado del nominado. Algunos de estos sobrenombres corresponden a personajes de la época, así es, por ejemplo, en la década del sesenta encontrábamos en casi todos los cursos un Pelé o un Ringo Starr. Estos niños automáticamente se convertían en personas populares. Pero el problema se presenta y comienza a ser serio, cuando estos sobrenombres son peyorativos y ofensivos, ya sea por su contenido o referencia a características o daños físicos; por ejemplo el tuerto, el cojo, el chueco, la cuatro ojos, etc. El sobrenombre permite al grupo proyectar su agresividad a costa del dolor del nominado y las consecuencias psicológicas y pedagógicas son a veces lamentables. Citemos el caso de uno de ellos.

 

Arturo, de 8° Básico, portador de labio leporino y de paladar ojival, era objeto de observaciones por parte de sus compañeros de curso y su sobrenombre era “Locutín”, representativo de su dificultad para expresarse, ya que hablaba por la nariz. Siendo un muchacho de buen nivel intelectual y de una buena motivación para el estudio, arrastraba varios fracasos en su historial escolar. Con dieciséis años de edad, estaba próximo a alcanzar recién un primer año medio. El análisis de este caso nos llevó a la conclusión de que su rechazo al estudio y a asistir a clases, estaba íntimamente relacionado con el ambiente hostil que en el curso había hacia él. Fue necesario para ello, que el profesor jefe tomara cartas en el asunto, hablando con el curso un día que Arturo no asistió. Las condiciones concretas fueron las siguientes: Primero, crear conciencia de parte de los alumnos, del problema, no tan solo físico, sino psicológico del afectado.

 

Segundo, hacerles ver la sobrevaloración de la belleza en nuestra sociedad, y lo injusto de ello.

 

Tercero, mostrarles que en cualquier instante, alguno de los presentes podría sufrir daño físico.

 

Cuarto, llamar desde ese día, y para siempre a Arturo por su nombre, Arturo.

 

Quinto, integrarlo al grupo curso como uno más.

 

Por su parte, el profesor asignó aArturo, tareas específicas de responsabilidad administrativa. Para abreviar el caso, al término de año se observó un aumento en la asistencia de Arturo, casi equivalente al triple de semestres anteriores y un rendimiento suficiente que le permitió pasar al curso superior sin problemas.

 

Casos análogos y técnicos semejantes hemos utilizados en reiteradas ocasiones con igual o mejores resultados.

 

Distinta fue la realidad de Nelly, adolescente portadora de exoftalmo, estudiante de una carrera técnica, que por su fisonomía evitaba el contacto con sus pares y generó una reacción sensitivo paranoídea, lo que la llevó a encerrarse en su casa, aislándose del medio, y aun cuando habitaba en una pensión, su contacto con los demás pensionistas era nulo.

 

A sugerencia de otra muchacha que habitaba en el mismo lugar, llegó a consulta psicológica, a través de Orientador de su establecimiento educacional.

 

El principal problema de Nelly era su angustia de no conseguir pareja.

 

Las posibilidades de mejoría de su exoftalmo eran nulas, tan sólo se podría conseguir con tratamiento endocrinológico su detención. Sin embargo, desde el punto de vista psicoterapéutico, se podrían obtener logros importantes en la medida que disvalorara la belleza física y descubriera sus verdaderas cualidades.

 

Aplicando las técnicas de la terapia no convencional de Milton Erikson, que con motivos de consultas similares obtuvo excelentes resultados, se le dio a la paciente la consigna de ir a un Supermercado, en el horario de mayor afluencia de público y en día no hábil, a observar las formas y rostros peculiares de las mujeres con que se casan los hombres y de los hombres que se casan las mujeres. La tarea debía ser cumplida durante dos semanas. Lo más relevante de esta actividad es que ella debía asombrarse frente a los espantosos rostros y figuras que viera.

 

De su primer reporte, citamos textualmente: “Vi una pareja, ambos eran feítos, pero se les veía felices, vivían su mundo y no les interesaban los demás”.

 

En esa oportunidad se le sugirió acomodara su vestimenta y peinado, por una parte; por otra se le indicó entrevista con el Orientador a objeto de hacer una revisión de su situación educacional. Con la colaboración de este profesional, logramos identificar actividades de fácil desempeño para Nelly y se le incentivó a participar en ellas.

 

Su orientador al revisar las calificaciones de Nelly, a lo largo de su trayectoria educacional, observó que sus notas del área artístico musical eran evidentemente superiores a las demás. Investigó este aspecto y detectó elevados intereses musicales de Nelly. En entrevista con el profesor de Música, el Orientador logró entusiasmarlo para que colaborara con el caso. El resultado se reflejó en el entusiasmo de Nelly por integrar el taller de guitarra.

 

A los pocos meses de tratamiento se observó en ella interés por salir a conocer jóvenes de su edady por realizar actividades escolares y sociales en forma normal, reportando que ya no la miraban en la calle y con pícara sonrisa agregó “y si me miran será por buenamoza”.

 

Lo interesante de este caso es que, a través del proceso de seguimiento, hemos podido constatar que, aunque aún no forme pareja definitiva, Nelly ha establecido relaciones afectivas de adecuada estabilidad con jóvenes de su edad, ha aumentado sus relaciones de amistad a un círculo mayor de amigas y, ya egresada profesional, actualmente se desempeña como secretaria ejecutiva en un importante Centro Cultural capitalino.

 

En otra oportunidad solicitó atención, a sugerencia de su profesor jefe, Julio de 16 años de edad, alumno de primer año de Enseñanza Media.

 

El motivo de consulta fue su obesidad, la que le había traído como consecuencia el sobrenombre de “Tiburón”. A raíz de este problema, era un sacrificio para él ir a clases. Al consultársele sobre qué esperaba de la terapia, respondió que, primero ser más delgado, segundo tener más amigos en el colegio, tercero tener más personalidad y cuarto, no avergonzarse frente a las niñas.

 

Al consultársele acerca de porqué tenía estos problemas, los circunscribió al rechazo que le demostraban sus compañeros por ser tan “re gordo”.

 

La síntesis diagnóstica nos llevó a visualizar el siguiente círculo vicioso: su continua ingestión de alimentos reducía la angustia causada por el rechazo experimentado, donde la gordura actuaba como un mecanismo de defensa que, por una parte en la fantasía le daba la impresión de seguridad, pero en la realidad provocaba rechazo.

 

Su rendimiento escolar era “Suficiente” con excepción de Educación Física y Castellano. No hacia gimnasia porque “se sacaba mala nota” ya que por su gordura no realizaba con agilidad los movimientos. En Castellano debido a la timidez, producto de la falta de repertorio conductual, hablaba con dificultad y casi telegráficamente.

 

El tratamiento psicoterapéutico consistió fundamentalmente en reforzar su yo y en modificar sus hábitos de comida.

 

Simultáneamente nos contactamos con el profesor de Educación Física, con el fin de romper el círculo vicioso en el cual se encontraba Julio; se le solicitó que en la próxima evaluación le colocara por alguna actividad nota 4,0, al menos, nota que actuaría como refuerzo, y que en las siguientes sesiones le evaluara más generosamente, aumentándosela en algunas décimas.

 

La colaboración del profesor fue total y los resultados se observaron rápidamente: A los dos meses ya había bajado notoriamente de peso. Por primera vez asistió a una fiesta de su curso y, aun cuando no se atrevió a bailar, fue capaz de conversar sin angustia, y quedó entusiasmado para asistir a otra fiesta la semana siguiente. También superó sus dificultades en Castellano.

 

Por medio de la asignatura de Educación Física, se cumplió la vieja sentencia de los Pitagóricos que afirman que la disciplina del cuerpo asegura la disciplina del alma.

 

Semejante al caso de Julio, se nos han presentado muchos otros, más comunes en el sexo femenino que en el masculino: Y por supuesto, las terapias de tratamiento son diferentes para cada caso, pero tienen un patrón común el refuerzo de la imagen de sí mismo.

 

De todos los casos de minusvalía por obesidad tratados nos pareció interesante de relatar éste, por su desenlace. A Julio, en reemplazo a la alternativa de comida se le entusiasmó por la práctica de algún deporte, y lo interesante es que sí se entusiasmó.

 

Otro caso interesante, resultó ser el de Teresa, jovencita de once años, alumna de Sexto Básico, que por sus facciones demacradas y sus hábitos, se la había sorprendido comiendo tierra y palos de fósforos, era llamada por sus compañeros “la vampira”, hecho que le había llevado a una profunda depresión. La madre, alertada por la profesora jefe de la alumna, preocupada por estos “hábitos alimenticios de su hija” solicitó atención psicológica.

 

Inmediatamente se le derivó a un médico internista ya que estos casos de perversiones del apetito, en la casi totalidad de ellos, las causales no son de orden psicológico, sino que es anemia.

 

Después de un mes de iniciado el tratamiento médico, la menor abandona su hábito, y junto a la modificación de la conducta del grupo curso, con la participación de la profesora jefe, Teresa se integró normalmente a sus actividades, superó la depresión y actualmente se desempeña satisfactoriamente en el colegio.

 

Lo interesante de este caso, fue la reacción del grupo curso. La profesora jefe preparó una serie de actividades en la que muchos de los alumnos se tuvieron que transformar en reporteros y encuestadores de opinión pública a objeto de consultar a la gente común su opinión en relación a los sobrenombres. Estas actividades prepararon el camino de regreso de Teresa, la hicieron sentirse acogida por el grupo.

 

Lo otro importante, de enorme valor, resultó ser la pronta respuesta de la profesora jefe su flexibilidad para cambiar lo que había planificado para su curso por esta nueva programación en principal beneficio de uno solo de sus alumnos, ¡tal vez!.

 

CONCLUSIONES.

 

Así como estos casos, podríamos referirnos a muchos otros donde la imagen corporal es casi el factor determinante, no tan solo en lo anímico, sino en el rendimiento escolar. Es importante señalar que nuestra experiencia en la materia nos revela que un tratamiento psicoterapéutico sin apoyo pedagógico, se hace lento y dificultoso en sus logros. Que la colaboración del maestro de asignatura es tan valiosa como la del Orientador del establecimiento o la del profesor jefe, y que las notas tienen propiedad psicoterapéuticas, y juegan roles importantísimos, en muchos casos, como sucedió con Julio.

 

Que cada caso, dependiendo del nivel intelectual, socioeconómico cultural, edad, etc. debe ser abordado con una metodología terapéutica y psicopedagógica diferente.

 

Que a nivel de programas escolares sería recomendable incluir unidades que contemplen en sus contenidos, desde nivel pre escolar, hábitos de comida, urbanidad, donde se ponga énfasis en la conveniencia de no utilizar sobrenombres, valoración de la belleza interior por sobre la exterior, etc. De este modo podremos, sin duda alguna, diminuir las tasa de estos silenciosos cuadros psicopatológicos, que justamente, por sunaturaleza, pasan desapercibidos en nuestras aulas y son sufridos por muchos educandos.

 

Recordemos, lo sostenido por Rempleim (1974) y Dufoyer (1979), que el individuo al nacer se encuentra en estado de indiferenciación, sólo se limita con su mundo exterior por medio de su epidermis, que a medida que el desarrollo se produce, tanto a nivel mental, sensorial, como motor, el niño establece una separación con el exterior, que implica un conocimiento interoceptivo y exteroceptivo ya la vez conciencia de su cuerpo producto de la información que le llega de sus estados y acciones. Wallen, citado por Dufoyer (1979), sostiene que la construcción de la personalidad está relacionada con la representación que el individuo va teniendo de su propio cuerpo. Y no olvidemos que la tesis freudiana postula que mientras más precoz es una experiencia, mayor es su consecuencia en la organización de la personalidad, todo ello está significando que la experiencia corporal, se va determinando a través del desarrollo y cualquier estímulo que afecte nuestro cuerpo influye en nuestra conducta.

 

BIBLIOGRAFIA

 

DOLTO, Francoise: image inconsciente du corps. Du Seuil. París. Francia, 1984

 

DUFOYER, I.P: Le Developement Psychologique de l´enfant de 0 a 1 an. P.U.F. París. Francia , 1979.

 

ERICKSON, Erick: Infancia y Sociedad. Hormé. Buenos Aires. Argentina. 1970.

 

HALEY, Jay: Terapia no Convencional las técnicas psiquiátricas de Milton Erickson. Amorrortu. Buenos Aires. Argentina. 1978.

 

HERNANDEZ. A: SAAVEDRA. M de los A.: “Tratamiento a corto plazo de la obesidad. Comparación entre anorexígenos y modificación conductual”. Revista médica n.n. 112,132,138. Santiago. Chile. 1984.

 

JUNG, Carl: Los complejos y el Inconsciente. Alianza. Madrid. España.1969.

 

REMPLEIN, Heiz: Tratado de Psicología Evolutiva. Labor. Barcelona. España. 1974.

 

STUTTE, Hermann: El Complejo de Tersites en los Jóvenes. Deutsches. Arzteblatt. Heft 2 von 9 Januar. Manburg. Alemania.

 

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